La banda rusa Human Tetris se terminó de consolidar como uno de los nombres más pesados del post-punk actual. Desde que irrumpieron a fines de los 2000, el trío moscovita armó una identidad sonora marcada por la melancolía, el minimalismo y una precisión casi de relojero. Después de un parate largo y una vuelta que los puso de nuevo en el radar internacional, el grupo siguió agrandando su catálogo con discos que profundizan su estética; “Common Feeling” fue su carta de presentación más reciente y la prueba definitiva de su madurez artística.
Con ese impulso llegaron a Buenos Aires para copar Uniclub, donde dieron un show que fue tanto un repaso de su trayectoria como una experiencia emocional compartida con un público que los sigue con una devocion total
La noche arrancó con una puntualidad impecable. Sin vueltas ni artificios, la banda salió a escena y mandó ‘Waves’ de entrada. Desde ese primer momento quedó claro que el show no iba a depender de discursos ni de una puesta visual flashera. La fuerza estaba en la música, en el clima y en esa conexión silenciosa que Human Tetris sabe generar.
El arranque siguió con ‘Letter’ y ‘Home’, metiendo a la gente de lleno en la onda introspectiva de su material nuevo. Después cayeron ‘City’ y ‘Your Laugh’, que terminaron de marcar el pulso del recital mientras la pista empezaba a agitarse con ese balanceo tan típico del género. Con ‘Light Room’ y ‘Closer’, la banda reafirmó su prolijidad sonora: cada golpe de batería y cada línea de bajo sonaban calcados al disco.
La intensidad fue subiendo con ‘Fade’, ‘Day and Night’, ‘Horizon’ y ‘Silhouette’, un bloque que mantuvo el tono hipnótico del show. Para ese entonces, Uniclub ya era una caldera melancólica, con el público respondiendo con cantitos y movimientos sincronizados. Uno de los momentos más manijas llegó con ‘The Hardest Part’, donde la comunión entre el escenario y la gente llegó a su punto más alto.

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